Máquinas, protocolos y programas

Las tecnologías digitales se componen de dos elementos: el hardware y el software. Hard, en inglés, significa "duro" y soft, se traduce como "blando". La parte dura, el hardware, son todos los componentes físicos, aquello que podemos tocar: pantalla, teclado, ratón, impresora, etc. La parta blanda, el software, hace referencia a los pro­gramas informáticos, que son intangibles. Algunos hacen funcionar esos componentes físicos y con otros creamos todo tipo de cosas: documentos de texto, dibujos, hojas de cálculo, etc.

El hardware y el software son complementarios, como un yin yang. Uno sin el otro no pueden existir. Y gracias a esa combinación, tenemos tecnologías digitales como Internet, un conjunto de ordenadores conectados entre sí gracias a un lenguaje común o protocolo. La Web es una de las tecnologías de Internet más conocidas. En la práctica, se trata de un conjunto de páginas a las que accedemos gracias a un navegador y a su protocolo llamado HTTP (HyperText Transfer Protocol, protocolo de tranferencia de hipertexto). Y así, la Web forma parte de Internet pero Internet es más grande que la Web.

El correo electrónico es otra tecnología de Internet. Aunque es técnicamente posible acceder al correo a través de la Web, también es posible instalar un programa de gestión de correos (Evolution, Thunderbird, etc.) que no necesita tecnología web para funcionar. El protocolo Gemini [9] sería otro caso de Internet sin Web. Gemini es un protocolo seguro y minimalista que apareció en 2019 gracias a Solderpunk. Se accede a través de navegadores propios como Lagrange. Ni Internet ni sus tecnologías (web, correo, gemini, etc.) no son propiedad de nadie en concreto, pertenecen a aquellas personas que las instalan, las usan y las man­tienen. Para honrar ese regalo técnico que tanto trans­forma nuestras vidas es importante seguir defen­diendo una Internet neutral que garantice la des­centralización del poder y la igualdad de oportunidades.

En general, cuando compramos un aparato, se incluye en el paquete un manual de instrucciones. Y en lo digital fue así hasta los años setenta. El software era entregado como parte del hardware para que se pudiera estudiar y mejo­rar. Las instrucciones o código fuente siempre esta­ban bajo dominio público. Cuando se obligó a que todo soft­ware tuviera licencia, se empezó a privatizar en empresas con ánimo de lucro, ralentizando así la inves­tigación y el desarrollo tecno­lógico 10. A quienes qui­sieron continuar compartiendo el código fuente de los programas infor­má­ticos se les empezó a llamar hobbyists o hackers.

Con la llegada de los ordenadores personales en los años noventa, Microsoft empieza sus prácticas monopolistas. Gracias a los contactos de su madre, Bill Gates consigue un contrato con IBM y, durante décadas, ha podido acos­tumbrar a millones de personas a su sistema operativo, Windows.

Un sistema operativo es el programa principal de un ordenador y actúa como un maestro de orquesta. Ese sistema permite encender el ordenador y que sus compo­nentes funcionen: que podamos usar el teclado o el ratón, que funcionen los altavoces o el micro, etc. Y ese programa tan importante, permite instalar otros para ejecutar tareas diferentes en función de nuestras necesidades: crear un documento, editar vídeo, componer música, co­nec­­tarnos a Internet, navegar por la Web, etc.

Windows es un sistema operativo que alenta prácticas de obsolescencia programada: a cada nueva versión, re­quiere máquinas más potentes. Y es frecuente que, por des­conocimiento, en lugar de cambiar el sistema operativo, se compre un dispositivo nuevo para adaptarse a las demandas de ese sistema al que nos han acos­tum­brado. Afortunadamente, hoy día, se pueden comprar orde­nadores con otros sistemas o, incluso, comprarlos sin sistema operativo para poner el que nos convenga. Pero como hay muchos 11, lo que suele ser más difícil es escoger entre tantos. Para combatir la obsolescencia pro­gramada, no tires un ordenador viejo, intenta darle una nueva vida instalándole un sistema operativo libre.

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