Otro paradigma cultural
En lugar de un sistema que promueve la opacidad, la competencia y el odio, podemos participar en un nuevo paradigma basado en la transparencia, la colaboración y la empatía. No es suficiente desear un mundo mejor, hay que acompañar esos deseos con prácticas coherentes también en el contexto digital. Y de ahí la importancia de fomentar la cultura libre, un paradigma que fomenta el acceso, el estudio y la mejora colaborativa del conocimiento humano. Una cultura libre holística engloba conceptos, herramientas y prácticas basadas en el acuerdo mutuo y la cooperación para una convivencia en igualdad y diversidad. Impregna todas las dimensiones culturales e incita a combatir inercias para alinear lo que se dice con lo que se hace.
En general, cuando se habla de cultura libre, se tiende a la digital en forma de programas y licencias. Pero la cultura libre se extiende a otros terrenos, como el lingüístico donde también se sufren colonialismos y ninguneos. También se extendería al terreno económico, donde se centraliza el poder en la creación monetaria como forma de control social y fuente de desigualdades. Una cultura realmente libre tiene tantas aristas como dimensiones humanas y requiere prácticas concretas basadas en valores y principios. Por eso, en los apartados que siguen se reflexiona sobre la dimensión organizativa y la eficiencia técnica y se propone un itinerario para una comunicación digital bajo el prisma de la cultura libre.
Para celebrar ese concepto de herramientas convivenciales propuesto por Illich, podemos ilustrar ese nuevo paradigma cultural con tres elementos: medios, bienes y seres humanos. Los medios, ya sean de producción o de comunicación, son inventos que nos permiten crear obras de todo tipo. Para que estos medios estén alineados con nuestros valores, hay que poder evaluarlos primero de forma crítica. En lugar se dejarse arrastrar por inercias, podemos hacer el ejercicio de vislumbrar lo que necesitamos y buscar los medios que cubran esas necesidades. Nuestras creaciones son bienes (o males) creados con esos medios. Y para que sean convivenciales, podemos atender a cómo los creamos para que sean ecológicos, inclusivos, accesibles y hasta reusables.
Los seres humanos somos altamente creativos y, sin humanos, no habría ni medios ni bienes. Pero la dificultad es más social que técnica y reside en temas organizativos y comunicativos, en la gestión de las energías propias y ajenas, en los tiempos y ritmos colaborativos, en la distinción de qué es individual y qué es colectivo. Hoy día, la dimensión digital lo impregna todo y requiere ciertos aprendizajes y toma de decisiones.
En este otro paradigma de cultura libre, la libertad es responsabilidad y se parte de valores sociales humanos para construir ese nuevo mundo que llevamos en nuestras herramientas y prácticas. Más allá de acciones individuales, los colectivos y entidades sociales, las administraciones públicas responsables, tienen la oportunidad de alinear sus principios teóricos a prácticas tangibles también en comunicaciones digitales. A menudo, las incoherencias vienen dadas por inercias, falta de reflexión o desconocimiento. Todo es empezar y siempre se pueden ir dando pasitos para poner nuestras herramientas digitales a la altura de nuestros valores.